Policías ante la diversidad
Es necesario
formar y concienciar a quienes forman parte de los cuerpos policiales respecto
a lo diversa que es actualmente la población española: más del 10% es población
extranjera residente, entre un 5 y un 10% es población LGTBI, aproximadamente
el 9% son personas con discapacidad, la mayoría de personas en riesgo de
exclusión social son mujeres, el 25% de la población es no creyente, atea o de
religiones distintas al catolicismo.
El propio Instituto Nacional de Administración Pública identifica como uno de los desafíos pendientes la formación y capacitación de los empleados públicos en materia de igualdad y no discriminación, así como mejorar la gestión de la diversidad de la ciudadanía en los servicios públicos, y la gestión interna de las propias Administraciones Públicas.
Ciertamente
resulta muy importante formar a los funcionarios policiales en esta materia,
pero no es menos relevante la necesidad de generar en ellos una sensibilización
ante la diversidad, para lo cual podrían organizarse encuentros o jornadas
de convivencia, al objeto de compartir experiencias y lograr la necesaria
empatía, porque la sensibilización es imprescindible para romper prejuicios y
estereotipos.
En todos
los cuerpos policiales españoles deberían implantarse protocolos y planes
internos relacionados con la no discriminación. Es cierto que en la mayoría
de ellos existen políticas de igualdad de género, e incluso alguna de atención
a la discapacidad, pero no suelen desarrollarse otras políticas dirigidas a
minorías étnicas, raciales, envejecimiento de las plantillas o diversidad
sexual.
Lograr
unos servicios públicos policiales inclusivos pasa por habilitar sistemas de
traducción a quienes interactúan con los agentes para realizar trámites,
formular denuncias o por detenciones, a ser posible complementados con una mediación
intercultural. Pero además también debería prestarse atención a la comunicación
corporativa inclusiva, porque actualmente todos los cuerpos policiales
españoles interactúan con la ciudadanía a través de distintas redes sociales y
aplicaciones, a pesar de lo cual no suelen tener en cuenta en sus mensajes,
campañas e imágenes la diversidad y la inclusión.
Si bien
es cierto que desde hace años existe un ‘Protocolo de actuación para las
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para los delitos de odio y conductas que
vulneran las normas legales sobre discriminación’, sin embargo la realidad es
que la mayoría de los agentes apenas recibe formación, capacitación y
sensibilización en esta materia. Son loables los esfuerzos de la Secretaría
de Estado de Seguridad, y especialmente de la Oficina Nacional de lucha contra
los delitos de odio, para dotar a los cuerpos policiales de un completo y
detallado protocolo de actuación, pero de poco sirve si no va acompañado de las
necesarias acciones formativas e informativas, porque lo cierto es que una gran
parte de los agentes ni siquiera conocen el contenido de dicho protocolo.
Y ello
a pesar de que en el propio documento se expone que “los cuerpos policiales
deberán realizar la máxima difusión, entre todos los componentes de la
Institución policial, del presente protocolo, así como incluir dentro de sus
planes de formación aquellos aspectos que son desarrollados en el mismo”. Y algo
similar ocurre con el ‘Manual de apoyo para la formación de Fuerzas y Cuerpos
de Seguridad en la identificación y registro de incidentes racistas o xenófobos’,
editado por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social en colaboración con el
Ministerio del Interior.
En el
protocolo de actuación para los delitos de odio y conductas discriminatorias no
solo se abordan cuestiones tan relevantes como las fases de la actuación
policial (primeras diligencias, responsables, testigos, etc.) y los indicadores
de delitos de odio, sino también algo tan relevante, y a lo que a menudo se
presta poca atención, como es la atención, protección y orientación a las
víctimas. No en vano, una Directiva del Parlamento Europeo establece que “las
víctimas de los delitos de odio deben ser reconocidas y tratadas de manera
respetuosa, sensible y profesional, y tienen derecho a la protección,
información, apoyo, asistencia, atención y la participación activa, sin
discriminación de ningún tipo”.
Con
estas víctimas se debe actuar de forma prudente, respetando su privacidad e
intimidad, generando un ambiente de confianza, permitiendo su acompañamiento,
evitando la victimización secundaria, informándoles adecuadamente, facilitando
su asesoramiento y habilitando las medidas de protección necesarias.
En definitiva, cabe concluir que durante los últimos años se están produciendo algunos avances, pero aún queda mucho por hacer en los cuerpos policiales españoles respecto a la gestión de la diversidad, tanto internamente como hacia la ciudadanía. Aquí se han apuntado algunas de las medidas y acciones que se deberían adoptar en esa dirección, pero sin duda habrá otras incluso más eficaces.
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